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4/30/2012

A vueltas con el blanco y negro

Aunque me gustan las fotos en color, siempre me ha parecido que las imágenes en blanco y negro tienen algo especial. Así que de tanto en tanto me entra la neura y durante una temporada sólo hago fotos en ese formato. Y hago instantáneas de todo lo que se me ocurre, ya sea para recordaros que en contra de lo que dice el calendario: Se acerca el invierno.




O bien para dar fe, que cualquier momento es bueno para un nuevo baby-boom ;)




Pero que por mucho que vuestro hijo sea un torbellino, esto no son maneras de sacarle a pasear




Que la llamada de la naturaleza es inevitable




Cuando la vorágine de la vida diaria te absorbe, es bueno parar y salir a dar un paseito por la playa con los amigos




O con la familia




Contemplar la naturaleza




O encontrar un hobby






video

Seguiremos informando.

4/28/2012

Mirando atrás

Estaba yo trasteando en los rincones más recónditos del disco duro de mi ordenador y me encontré con esto.




Una foto que me hicieron durante mi nunca suficientemente cacareado viaje a Japón y claro, se te vienen encima un montón de recuerdos y te da por mirar hacia atrás (metafóricamente al menos).


Nunca me he tenido a mi mismo por una persona inquieta ni con afán de ver mundo. Sin embargo tengo unos cuantos kilómetros en mi carnet de viajero.


Empecé muy pronto, con más o menos un añito hice mi primer viaje en avión de Madrid a Barcelona y desde entonces no he parado. 


Viajes a Gran Canaria.








Torrevieja








A Coruña




Sitges




Vigo




Valencia




Tokio




Yokohama




Amsterdam




Edimburgo




Londres




Incluso el Lago Ness






Faltan muchas fotos, me hubiera encantado poner fotos de Archena, donde pasé algunos de los mejores momentos de mi infancia, desgraciadamente no tengo ninguna a mano. Pero creo que con las fotos que he puesto queda claro lo que quería decir. A pesar de no tener afán viajero, lo cierto es que he rodado bastante y lo que me queda, supongo. 


La vida es así, no siempre es como te la esperas, pero no por eso vas a disfrutarla menos.


Seguiremos informando.

4/23/2012

Regresando a Edimburgo

Había llegado el momento de dar por finalizado el viaje y retornar a la siempre soleada Edimburgo. Así que el sábado me levanté tempranito, hice la maleta y me bajé al salón de la casa de huéspedes donde me había estado alojando en Inverness para tomar un buen desayuno. Curiosamente, en este hostal, la noche anterior tenías que indicar por escrito en una hoja lo que ibas a querer para el desayuno del día siguiente. Cuando bajé al salón, me encontré con que la única persona que estaba allí era Eyleen, la dueña del hotel, quien también ejercía las labores de cocinera. Precisamente tenía mi hoja del desayuno y estaba estudiando mi petición.

Eyleen: Hola Padawan.
Yo: Hola.
Eyleen: Estoy viendo que además del huevo frito, el zumo de naranja y las dos lonchas de bacon de todos los días, esta vez también has pedido un par de salchichas.
Yo: Pues sí, total un día es un día.
Eyleen: ¿Cómo dices?
Yo: Estooo (hace tiempo que me he dado cuenta que hay ciertas frases hechas españolas que no tienen traducción directa al ingles y viceversa, o al menos, yo no conozco la traducción correcta). Mmmm, a ver como me explico... Vale, que digo que, "Why not?" (o lo que es lo mismo ¿Por qué no?).
Eyleen: Claro, tienes razón. Por cierto, ya que estás ¿Quieres probar un dfkdjhfkjdshf?
Yo: Me lo repita por favor.
Eyleen: Que digo, que si quieres probar un dfkdjhfkjdshf.
Yo: Euuu, esteeee. Venga vale. (por favor, por favor, que no sea nada raro).
Eyleen: A ver que te parece, este dfkdjhfkjdshf viene de mi casa de la isla de Lewis y  es distinto de los otros dfkdjhfkjdshf.
Yo: Pues vale. Quiero decir... seguro que está delicioso.

Al final, el dfkdjhfkjdshf, resultó ser una especie de morcilla más seca que la mojama, pero de un sabor bastante rico ( y no, no se trataba de un haggis).

Tras el nutritivo desayuno, me despedí de mi anfitriona y me fui a la estación de autobuses. Una vez en la ventanilla traté de pedir un billete para ir al aeropuerto.

Yo: Hola buenas.
Dependienta: Buenos días.
Yo: Podría darme un billete sólo de ida para el aeropuerto.
Dependienta: Un segundo.

 Mientras la veo trastear con el ordenador durante un par de infructuosos minutos, me fijo en una plaquita que lleva prendida de la chaqueta, en ella lleva escrito su nombre y justo debajo, pone "Dependienta en prácticas". Finalmente la chica se rinde y llama a otra compañera que supuestamente le está enseñando el oficio.

Dependienta en prácticas: Mira que este chico quiere un billete para el aeropuerto y yo con este cacharro no me aclaro.
Dependienta experimentada: No te preocupes, esto se hace así. 

La nueva dependienta teclea frenéticamente en el ordenador durante otro minuto y medio, finalmente murmura una maldición y me mira.

Dependienta experimentada: Estoooo, mire. ¿Sabe que puede comprar el billete directamente al conductor.
Yo: Sí, por supuesto que lo se. (me quedo mirándola sin moverme ni un milímetro, detrás mío se ha empezado a formar una cola de gente que se empieza a impacientar).
Dependienta experimentada (primero con mirada de odio y después con mirada de súplica): Por favor, comprelé el billete al conductor.
Yo: Venga, vaaale.

Diez minutos más tarde estaba subido al autobús camino del aeropuerto. Debido a una desafortunada combinación de factores, no me quedaba más remedio que coger un avión desde Inverness a Londres y desde ahí coger un tren hasta Edimburgo. Cualquiera que tenga un mapa a mano, se dará cuenta enseguida que mi plan de viaje era absolutamente absurdo y me obligaba a dar una vuelta de lo más tonta. Pero no me quedaba más remedio que hacerlo así.

Una vez en el aeropuerto, facturo la maleta y me dirijo a la zona de embarque, previo paso por el inevitable detector de metales.

Segurata: A ver, quitesé el cinturón, deje aquí las monedas y objetos de metal y aseguresé de que en su equipaje mano no hay tijeras u otros objetos cortantes.
Yo: Nah, tranquilo, yo no llevo esas cosas.

Nada más poner mi mochila en el detector de metales suena la alarma. En ese momento recuerdo, que yo suelo viajar con una pequeña navaja multiusos, que normalmente suelo guardar en la maleta grande, la que facturo. Rezo a Odín, para que no se me haya ocurrido poner la navaja en la mochila. Desgraciadamente Odín, está ocupado en una partida de poker con los gigantes del hielo y no atiende a mis súplicas.

Segurata: ¿Y esto?-dice sacando la navaja de la mochila.
Yo: Glups. No me acordaba de eso. Normalmente no la llevo encima. Lo siento mucho.
Segurata: No es que sea muy grande, pero me parece que con esto no puede subir al avión.
Yo: Mire, no se preocupe. Deje aquí la navaja, ya me compraré otra o mejor aún no me compraré nada y no volveré a usar nada parecido nunca más, que estas cosas las carga el diablo, pero por favor dejemé subir al avión.
Segurata: Tranquilo, a ver, cuanto mide esto....-coge una plantilla y la compara la longitud del filo- Vale, no hay problema, está dentro de la legalidad. Siga adelante.
Yo: Estooooo.... venga vale. Gracias.

Que digo yo, que si esto me llega a pasar en un aeropuerto estadounidense, me encarcelan como terrorista aéreo y portador de armas de destrucción  masiva.

El vuelo hasta Londres se me pasó enseguida mientras meditaba sobre las normas de seguridad y antes de darme cuenta estábamos en el aeropuerto de Gatwick. Tras bajar del avión, fuimos a la zona de recogida de equipajes, donde estaban dos cintas transportadoras de maletas. Sobre cada una de ellas, había unas pantallas que anunciaban a que vuelos pertenecían las maletas que estaban dando vueltas. En ninguna de las dos aparecía el vuelo procedente de Inverness, es decir el mío.

Me acerco a un empleado.

Yo: Hola majo.
Empleado: Muy buenas.
Yo: Verás, que estoy mirando en ambas cintas transportadoras, pero en ninguna están sacando las maletas del vuelo procedente de Inverness, y me preguntaba si usted sabría decirme en cual de ellas van a salir los equipajes de dicho vuelo.
Empleado: Pues esa es una pregunta interesante, por que verás, teniendo en cuenta que...
Yo: O sea, que usted tampoco lo sabe.
Empleado: Estoooo, pues no.

Me vuelvo hasta las cintas y compruebo que en una están saliendo las maletas de tres vuelos distintos y en la otra solo las de uno. Me acerco a esta última, asumiendo que por lógica nuestras maletas saldrían por ahí. Dos minutos más tarde, me doy cuenta de que la lógica debe estar de vacaciones.

Finalmente, cojo el tren que va del aeropuerto a la estación de King Cross, donde descubro que he perdido el tren de las cinco de la tarde y que voy a tener que esperar al de las seis. Aprovecho para pasar por un supermercado y cojo provisiones para el viaje.

Una hora más tarde me subo al tren que me dejará en Edimburgo. El viaje va bien hasta la mitad del trayecto, donde aprovechando una parada, se suben al tren el típico grupo de adolescentes gritones, que nos amenizan el resto del viaje con las canciones típicas:

 Desde Londres a Edimburgooooo, 
vengo por toda la orillaaaaa, 
con el kilt remangadooo, 
luciendo pantorrillaaaaa...

Una de las chicas que estaban cantando, se pasa cinco minutos tratando de averiguar como se abre la puerta del baño del vagón del tren, por algún motivo parece incapáz de ver el enorme botón con el letrero "open/close" (abrir/cerrar) que hay junto a la puerta. Mientras busca la forma de abrir la puerta, se agita como si tuviera el baile de San Vito, mientras murmura "Me meo, me meo, me meo...". El resto del pasaje, siempre solidario, cruzamos apuestas sobre si conseguirá abrir la puerta, se meará encima o terminará sacando el culo por la ventanilla. Algunos (yo no, por supuesto) preparan las cámaras de fotos y de vídeo. Finalmente una señora se levanta del asiento y le enseña a abrir la puerta. Las apuestas quedan anuladas. Desgraciadamente, la señora no le explica como se activa el pestillo de la puerta y otra chica la abre cuando la primera está aún a media faena. Afortunadamente, para ella, la apertura de la puerta no da directamente al vagón, o de lo contrario a estas horas sería la protagonista de más de un vídeo casero.

Finalmente, llegamos a Edimburgo a eso de las once menos veinte de la noche, con lo que di por concluido mi pequeña expedición.

Seguiremos informando.

4/20/2012

El río Ness, el lago Ness y como no... Inverness

Que ya me imagino el diálogo de los primeros pobladores de estas tierras.


MacLeod: Oye Mcmardigan, que me han dicho que te ha tocado a tí poner nombre a los lagos, ríos y ciudades de esta zona de nuestra amada Escocia.
Mcmardigan: Pues si, ya ves. Y a tí te ha tocado elaborar el mapa de la región, ¿no?
MacLeod: Exacto, precisamente por eso venía a verte. Ya tengo todo dibujado, pero me faltan los nombres. A ver -dice señalando un punto en el mapa - ¿A este lago qué nombre le has puesto?
Mcmardigan: Lago Ness







´
MacLeod: Vale, Lago Ness. -dice mientras lo apunta en el mapa con su mejor caligrafía- Me gusta, es fácil de recordar y corto. Me gustan los nombres cortos.
Mcmardigan: Y a mí.
MacLeod: Sigamos. A este río ¿Cómo lo has llamado?
Mcmardigan: Río Ness.


Se hace un silencio ominoso.












MacLeod: A ver si me aclaro.-dice tras una larga pausa- Lago Ness, Río Ness... ¿No te parece un poco repetitivo?
Macmardigan: Un poco, pero como el río nace del propio Lago Ness, pues....
MacLeod: Ya, la lógica es un poco rebuscada, pero venga, acepto hacha de combate como utensilio de cocina. Bueno, terminemos. ¿Qué nombre le has puesto a esta ciudad? Y antes de responder, será mejor que notes que tengo aquí mi claymore reglamentaria y que no tengo miedo a usarla. Así que será mejor que no digas algo del tipo Ciudad Ness o tendremos un disgusto.
Macmardigan: ¡Glups!
MacLeod: ¿Ciudad Glups?
Macmardigan: No, no, no. Quería decir Inverness. 
MacLeod: Casi prefería lo de Glups, pero en fin. Sea pues, la llamaremos Inverness.















Macmardigan: Perfecto, Río Ness, Lago Ness e Inverness.
MacLeod: La verdad es que por muy ingeniosos que nos creamos los escoceses, tenemos muy poca imaginación para poner nombre a las cosas.
Macmardigan: Ya te digo.

4/19/2012

Inverness: aeropuertos, diligencias, españoles perdidos y puentes colgantes.

Nada más aterrizar el avión en el aeropuerto de Invernalia, perdón en el aeropuerto de Inverness, me di cuenta de que aquello más que un aeropuerto era un aeródromo. No nos hizo falta preguntar cual era la cinta por la que iban a salir nuestros equipajes, porque allí sólo había una cinta transportadora, así que tus maletas salían por allí, si o si. Además la cinta tenía la costumbre de detenerse cada dos por tres, por lo que había una encargada del aeropuerto destinada en exclusiva a darle un empujoncito a la cinta cada vez que se encasquillaba el mecanismo, que como ya se ha dicho era bastante a menudo.


Una vez con el petate al hombro, me encaminé a la parada del autobús, allí estábamos cuatro gatos, porque la mayoría de la gente que viene a estas latitudes suele hacerlo con un tour programado que se encarga de recogerte en el propio aeropuerto. El resto de los mortales esperamos el autobús.


Es cierto que los aeropuertos no suelen estar muy cerca de los centros urbanos, pero aquel era tan pequeño y los alrededores estaban tan desolados, que no me hubiera sorprendido si en lugar del clásico autobús hubiera venido a recogernos un coche de caballos conducido por un embozado conductor con acento transilvano. Para mi decepción y regocijo de mis compañeros de viaje, lo que vino en nuestro auxilio fué la clásica tartana de los servicios municipales, aunque es cierto que el acento del conductor era cuando menos sospechoso.


Tras un rápido trayecto, desembarcamos en la estación de autobuses y diligencias (una de las empresas de autobuses de por aquí se llama Stagecoach, por si no lo sabéis este es también el título de una famosa película de John Ford. Dicho título fue traducido en España como La diligencia).


Una vez que eché pie a tierra, entré en el clásico juego de ¿Dónde está mi hotel? Que básicamente consiste en que preguntas a los oriundos del lugar si te pueden indicar la forma de llegar a la calle donde se encuentra tu hotel y diez minutos más tarde te das cuenta de que la mayoría de la gente no conoce en absoluto su propia ciudad, por lo que acabas preguntando a los extranjeros, quienes como en su día ya se la tuvieron que patear de arriba abajo en busca de sus respectivos alojamientos, te indican con gran precisión hacia donde tienes que ir. En mi caso yo me encontré a otro español, al que llamaremos Cisco, quien no sólo me indicó donde estaba mi hotel sino que me acompañó hasta allí y luego me invitó a tomar una pinta de cerveza.


Tres pintas más tarde, yo ya me había dado cuenta de que Cisco, que había llegado a Escocia con la oleada de emigrantes españoles de hace quince años, con el paso del tiempo había ido perdiendo el contacto con todos sus compañeros españoles y que básicamente se había pegado a mí para tener la oportunidad de volver a entablar una conversación, en algo que no fuera inglés.


Finalmente, y no sin esfuerzo, conseguí darle esquinazo a base de diplomacia y logré llegar al hotel, donde por fin pude descansar.


Y eso fue el primer día, pero no quiero cerrar este post sin poner al menos una foto de Inverness. Concretamente del Río Ness, con uno de sus dos puentes colgantes a un lateral y al fondo una de las múltiples iglesias que hay por esta ciudad.


Lo de los puentes colgantes es de traca, mira que son seguros y robustos, pero en cuanto paseas por ellos enseguida puedes notar un ligero balanceo de lo más emocionante.


Seguiremos informando.

4/18/2012

De Londres a Inverness

Y finalmente se acabó mi periplo por Londres, así que hice mi equipaje y me apresté para irme. Lo primero fue bajar a la recepción del hotel.


Recepcionista: A las buenas. ¿Qué desea?
Yo: Que voy a dejar la habitación trescientos cincuenta y cinco.
Recepcionista: Es decir que deja usted la habitación tres, cinco, cinco.
Yo: Estoooo, si, supongo que esa también.


Superado el trámite de la recepción, me encamino a la estación del underground (o lo que es lo mismo, el metro o el suburbano si es que eres recepcionista de hotel). Para mi desgracia era la hora punta y moverse por allí con un maletón no resultaba tarea fácil. Pronto quedamos totalmente encajonados en el anden, a la espera de la llegada del metro. Estábamos tan apelotonados que no pude evitar sorprender la conversación de un grupo de señoras que estaban pegadas a mí.


Señora 1: Esto es horrible, parecemos ganado.
Señora 2:  Beeee.
Señora 3: (falsamente indignada): Creo que alguien me ha tocado el culo.
Señora 1: No te hagas ilusiones querida, que te lo he tocado yo sin querer.
Señora 2: Beeee.
Señora 3: (realmente indignada): Pues vaya, para una que me lo tocan.
Señora 1: Esto no hay quien lo aguante, si pudiera me liaba a codazos. Pero no hay manera, estamos tan apretados que no puedo mover los brazos.
Señora 3: Mujer, si estamos todos igual de fastidiados. ¿A quién le vas a dar un codazo?
Señora 1: ¿A quién? A cualquiera, a todos, al chico este del maletón.


(por si el avispado lector no se ha dado cuenta, el chico del maletón soy yo, así que con toda tranquilidad le doy un ligero codazo a la mujer, no muy fuerte, sólo lo justo para que lo note)


Señora 1: (girando la cabeza hacia mí con los ojos abiertos como platos): ¿Cómo ha conseguido hacer eso? Es fisicamente imposible que me haya dado un codazo. No hay espacio suficiente.
Yo (sonriendo como un lobo): Señora yo soy un superviviente de la línea 5 del metro de Madrid, esto no es nada para mí.
Señora 1: Pero, pero, pero...
Señora 3: Oiga joven, usted que parece muy mañoso. ¿Le importaría tocarme el culo?
Señora 2: Beee.


Afortunadamente la llegada del metro me dispensó de la necesidad de responder. Un par de codazos y tres empujones después yo me había subido al vagón del metro, mientras el grupo de señoras se quedaba sin poder moverse del sitio.


Dos paradas más tarde el metro se vació y pude ponerme a mis anchas hasta que llegamos a la estación de enlace con el tren express, que debía llevarme al aeropuerto. El viaje en tren transcurrió sin incidentes y en seguida llegamos a la terminal.


Una de las primeras cosas que me dice la gente cuando se enteran de que yo suelo viajar con un maletón, es que ellos nunca facturan el equipaje. Todo el mundo parece viajar con una pequeña mochila e imprimen el billete por internet o en las máquinas expendedoras de los aeropuertos, por lo que se limitan a ir directamente a la zona de embarque (previo paso por el detector de metales). La verdad es que hable con quien hable, todos me dicen lo mismo y claro la impresión que me queda es que debo ser el único que factura. Por eso siempre se me queda la misma cara de sorpresa cuando llego al mostrador de facturación y veo esas colas larguísimas de gente esperando su turno. Porque vamos a ver, si yo soy el único tonto que factura, ¿de dónde diantres sale toda esa peña?


Total que me coloco al final de la cola y espero pacientemente. Mientras me llega mi turno, un empleado de la compañía aérea se desgañita de la siguiente manera:


Empleado: ¡A veeeerrrrrrr! ¡Los pasajeros con destino a Ba-ri-co-lo-na, que pasen por el mostrador número 2! ¡Los demás permanezcan en la cola!


En seguida me doy cuenta de que nadie se mueve hacia el citado mostrador.


Yo: Pssst, oiga, buen hombre - le susurro yo-que no se dice Baricolona, que se dice Barcelona.
Empleado (no demasiado convencido): ¡Los pasajeros a Baricolona por el mostrador 2! - me mira- ¡Y los que vayan a Barcelona también por el mostrador 2!


Por fin la gente empieza a moverse. Diez minutos más tarde vuelve el empleado, se me acerca y me susurra.


Empleado: Ahora tengo que llamar a los pasajeros que van a Inverness para que se vayan al mostrador 3. ¿Se dice Inverness verdad?
Yo: Estooo no, se dice Invernalia, pero allí sólo van los miembros de la Familia Stark.
Empleado: (Susurrando) Vale gracias. (A voz en grito) Los miembros de la Familia Stark, por favor diríjanse al mostrador 3 para facturar su equipaje a Invernalia.


Todo el mundo se queda mirando al pobre empleado como si se hubiera vuelto loco, mientras yo aprovecho para ir al mostrador 3, donde evidentemente no hay nadie y facturo sin tener que esperar cola.


Empleado (bastante mosqueado): Oiga, usted me ha engañado. Invernalia no existe.
Yo (sonriendo de nuevo como un lobo): Lo siento, pero estás más verde que la hierba del verano y se acerca el invierno.


(Nota aclaratoria: Este relato es ficticio y durante su redacción ninguna señora fue lastimada, ni se tocó ningún culo y por supuesto el orgullo de los empleados de líneas aéreas no fue ultrajado. Desgraciadamente los recepcionistas de hotel con concepciones abstractas de las matemáticas son tal cual se les retrata en este escrito).

4/16/2012

La Guardia Real Británica y la Reina de Holanda

Estuve el otro día intentando sacar fotos del famoso cambio de la Guardia Real Británica. La cosa funcionó sólo a medias. Llegué a tiempo de ver como el relevo salía de los cuarteles para dirigirse al palacio. Corrí tras ellos casi un kilómetro mientras los filmaba, pero cuando quise entrar con ellos a la explanada donde se hacía la ceremonia, estaba tan llena de guiris que me fué imposible hacer ni una mísera foto. En lugar de los guardias sólo podía ver turistas cabezones.


Aún así os dejo dos pequeños videos en el primero se ve a la guardia saliendo del cuartel y en el segundo voy persiguiendo a la guardia a caballo. Por supuesto se ve de pena, porque yo voy corriendo con la lengua fuera, mientras ellos van tranquilamente a caballo, pero menos es nada.


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También os dejo un par de fotos, aunque básicamente son culos de caballos.








Después de eso fuí deambulando sin rumbo fijo por las calles de Londres hasta que sin darme cuenta acabé en Trafalgar Square, donde tenían montado un concierto gratuito al aire libre. Por lo visto era el día de la Reina de Holanda y por algún incognoscible motivo, lo celebran también aquí. Como yo no soy de los que rechazan un buen concierto gratis y como quiera que los tenderetes de cerveza estaban llenos de guapas camareras holandesas, me quedé por allí disfrutando del ambiente.


Yo no conocía a ninguno de los grupos musicales que actuaban en el concierto, pero no hay duda de que le ponían entusiasmo. Aquí tenemos a una artista local, dándolo todo con el Casiotone.




Siempre hay alguien a quien no le gustan  los conciertos. El almirante Nelson es uno de esos aguafiestas, no quiso saber nada de nosotros y no hizo más que darnos la espalda.




Afortunadamente la gente no se dejó influenciar por eso y poco a poco la plaza se fué llenando de gente con ganas de pasarlo bien.




Y otro grupo se subió al escenario, estos no tenían el casiotone, pero aún así hicieron lo que pudieron.




Y por si fueramos pocos, se sumó a la fiesta una de esas bandas que van desfilando por las calles armados con tambores, flautas traveseras y (el cielo nos asista) panderetas.




Si es que sólo nos faltaban los chicos de West Side Story peleando bailando por la plaza y ya hubieramos tenido el cuadro completo.


En resumen, que fué un día bastante animado y divertido.


Seguiremos informando.